Por Nuza
«El yoga es el aquietamiento de las fluctuaciones de la mente.» Patañjali, Yoga Sūtras, 1.2 (trad. Edwin Bryant, 2009)
Cuando pensamos en yoga, lo primero que viene a la mente suelen ser las posturas. Pero en el texto que definió el yoga hace casi dos mil años, las posturas son solo una de ocho partes — y ni siquiera la más importante.
En este artículo vamos a ver el mapa completo: cuáles son las ocho ramas del yoga, qué es cada una y cómo se ven en la vida real.
Un manual de hace dos mil años
Entre los siglos II y IV, un sabio llamado Patañjali reunió el conocimiento del yoga de su época en 195 frases muy cortas llamadas sūtras, que significa «hilos». Ese texto, los Yoga Sūtras, sigue siendo el manual de referencia del yoga hasta hoy (Bryant, 2009; Feuerstein, 1998).
En la segunda parte del texto, Patañjali describe el camino del yoga en ocho partes. Lo llama aṣṭāṅga: aṣṭa significa ocho y aṅga significa rama o miembro, como los miembros de un cuerpo (Yoga Sūtras, 2.29). De ahí viene también el nombre del estilo ashtanga que se practica hoy en los estudios.
El mapa completo
Las ocho ramas son:
- Yama — cómo tratas al mundo
- Niyama — cómo te tratas a ti
- Āsana — la postura
- Prāṇāyāma — la respiración
- Pratyāhāra — desconectar de lo de afuera
- Dhāraṇā — la concentración
- Dhyāna — la meditación
- Samādhi — la absorción total
B.K.S. Iyengar, uno de los maestros más influyentes del siglo XX, las explicó con la imagen de un árbol (El árbol del yoga, 1988): los yamas son las raíces, los niyamas el tronco, las āsanas las ramas, el prāṇāyāma las hojas, el pratyāhāra la corteza, la dhāraṇā la savia, el dhyāna la flor y el samādhi el fruto. Ninguna parte sobra: un árbol sin raíces se cae, y un árbol sin hojas no respira.
Las raíces: cómo tratas al mundo (yama)
Los yamas son cinco acuerdos éticos con todo lo que te rodea (Yoga Sūtras, 2.30):
- Ahiṃsā — no dañar: a otros, a ti, con actos o con palabras.
- Satya — decir la verdad y vivir sin fingir.
- Asteya — no tomar lo que no es tuyo: cosas, tiempo, crédito ajeno.
- Brahmacarya — usar tu energía con inteligencia, sin desperdiciarla.
- Aparigraha — no acumular: soltar lo que ya no necesitas.
Deborah Adele (The Yamas & Niyamas, 2009) los describe como prácticas y no como mandamientos: no son reglas para ser «buena persona», son experimentos para vivir con menos fricción.
El tronco: cómo te tratas a ti (niyama)
Los niyamas son cinco hábitos hacia adentro (Yoga Sūtras, 2.32):
- Śauca — limpieza: del cuerpo, de tus espacios, de lo que consumes.
- Santoṣa — contentamiento: estar en paz con lo que hay hoy.
- Tapas — disciplina: el calor que se genera al sostener el esfuerzo.
- Svādhyāya — autoestudio: observarte con honestidad y estudiar lo que te nutre.
- Īśvarapraṇidhāna — soltar el control: confiar en algo más grande que tú.
Sobre santoṣa, Swami Satchidananda (1978) lo resume en una idea simple: la felicidad no depende de lo que pasa, sino de cómo lo recibes.
Las ramas y las hojas: el cuerpo y la respiración (āsana y prāṇāyāma)
Aquí vive casi todo el yoga moderno. Y aquí viene un dato que sorprende: de los 195 sūtras, Patañjali le dedica a la postura solo tres. Su definición completa es esta: «La postura debe ser estable y cómoda» (sthira-sukham āsanam, Yoga Sūtras, 2.46). No habla de flexibilidad ni de formas perfectas. Habla de estabilidad y comodidad: un cuerpo que puede quedarse quieto sin sufrir, para que la mente pueda trabajar.
Las decenas de posturas que conocemos hoy florecieron después, en la tradición del haṭha yoga: la Haṭha Yoga Pradīpikā (siglo XV) describe quince, y manuscritos posteriores como la Jogapradīpikā (1830) ya ilustraban ochenta y cuatro.
El prāṇāyāma es la regulación de la respiración: alargarla, suavizarla, sostenerla. Patañjali lo describe como el paso que prepara la mente para concentrarse (Yoga Sūtras, 2.49–2.53). De esta rama hablamos a fondo en La respiración: la puerta de entrada al sistema nervioso.
La corteza: desconectar de lo de afuera (pratyāhāra)
Todo el día, tus sentidos apuntan hacia afuera: los ojos buscan pantallas, los oídos persiguen sonidos, y tu atención se va detrás de ellos. Pratyāhāra es hacer lo contrario: dejar de alimentar esa búsqueda para que la atención pueda quedarse contigo. No es taparte los oídos ni dejar de sentir — los sonidos siguen ahí, pero ya no te jalan.
La Bhagavad Gītā (2.58) lo describe con una imagen muy clara: como una tortuga que recoge sus extremidades dentro de su caparazón. La tortuga no desaparece del mundo; solo se retira un momento hacia adentro.
Pasa algo parecido cuando te sumerges en el agua y los sonidos de afuera se apagan: sigues ahí, pero el mundo deja de jalarte. En el yoga, ese estado aparece en savasana —la postura de descanso con la que cierran casi todas las clases, acostado e inmóvil— cuando el cuerpo se queda quieto y los ruidos del lugar dejan de importar.
La savia, la flor y el fruto: la mente (dhāraṇā, dhyāna y samādhi)
Las últimas tres ramas son una sola habilidad en tres profundidades.
Dhāraṇā es sostener la atención en una sola cosa: la respiración, una vela, un mantra (Yoga Sūtras, 3.1). La atención se escapa y la traes de vuelta, una y otra vez. Eso es concentración: el regreso, no la perfección.
Dhyāna es cuando ese esfuerzo se vuelve continuo y ya no hay que sostenerlo: la atención fluye sola (Yoga Sūtras, 3.2). Piensa en cómo cae la miel cuando la sirves: no en gotas separadas, sino en un hilo continuo que no se corta. Así está la atención aquí — ya no son momentos de concentración uno tras otro, es un solo flujo. Eso es meditar.
Samādhi es cuando la separación desaparece: ya no hay alguien observando algo, solo queda la experiencia (Yoga Sūtras, 3.3).
Swami Vivekananda, el primer maestro que llevó esta filosofía a Occidente, explica en Raja Yoga (1896) que estas tres juntas se llaman saṃyama, y que son el corazón del método: todo lo anterior existe para hacerlas posibles.
No es una escalera
Aunque están numeradas, las ocho ramas no son niveles que se van desbloqueando. T.K.V. Desikachar insiste en que se practican juntas y que el orden es un mapa, no una fila (El corazón del yoga, 1995).
Las ramas se mezclan todo el tiempo. Por ejemplo: si en una postura empujas tu cuerpo hasta el dolor por querer llegar más lejos, estás haciendo āsana sin ahiṃsā (no dañar). El día que respetas tu límite y trabajas con tu cuerpo en lugar de contra él, ya estás practicando dos ramas a la vez. Lo mismo pasa con las demás: una exhalación larga ya es prāṇāyāma, y agradecer lo que hay hoy ya es santoṣa.
El yoga funciona como un arte. En un cuadro, lo primero que ves son los colores y las figuras; pero quien lo pintó también decidió dónde poner la luz, qué dejar fuera, qué quería decir. Cuando alguien te explica eso, vuelves a mirar el mismo cuadro y ves más. Con el yoga pasa igual: las posturas son lo visible, y detrás hay ética, atención y entrega. Conocer el mapa completo no cambia la clase — te cambia a ti la forma de estar en ella.
Para empezar hoy
Las ocho ramas en un día
Así se ven las ocho ramas en un día cualquiera:
- Al despertar, ordena tu espacio antes de salir — śauca.
- En tu práctica, busca que cada postura sea estable y cómoda, sin forzarte — āsana y ahiṃsā.
- A la hora de comer, guarda el teléfono y come con todos los sentidos — pratyāhāra.
- En una conversación difícil, di la verdad con amabilidad — satya.
- En la tarde, alarga tus exhalaciones durante tres minutos — prāṇāyāma.
- Suelta algo que ya no usas: ropa, un objeto, un pendiente viejo — aparigraha.
- Antes de dormir, quédate cinco minutos con la atención en una sola cosa — dhāraṇā.
- Y al cerrar el día, agradece algo que ya tienes — santoṣa.
La meditación y la absorción no entran en la lista a propósito: llegan solas cuando lo demás está en su lugar. Se cultivan, no se persiguen.
Las posturas son la puerta por la que casi todos entramos al yoga. El mapa completo es lo que hace que valga la pena quedarse.
Referencias
- Patañjali. Yoga Sūtras (siglos II–IV). Sūtras citados: 1.2, 2.29–2.32, 2.46, 2.49–2.53, 2.54, 3.1–3.3.
- Bryant, E. F. (2009). The Yoga Sūtras of Patañjali: A New Edition, Translation, and Commentary. North Point Press.
- Iyengar, B. K. S. (1988). The Tree of Yoga (El árbol del yoga). Shambhala.
- Iyengar, B. K. S. (1993). Light on the Yoga Sūtras of Patañjali. HarperCollins.
- Desikachar, T. K. V. (1995). The Heart of Yoga: Developing a Personal Practice. Inner Traditions.
- Adele, D. (2009). The Yamas & Niyamas: Exploring Yoga's Ethical Practice. On-Word Bound Books.
- Satchidananda, S. (1978). The Yoga Sutras of Patanjali. Integral Yoga Publications.
- Vivekananda, S. (1896). Raja Yoga. (Primera presentación sistemática de los Yoga Sūtras en Occidente.)
- Feuerstein, G. (1998). The Yoga Tradition: Its History, Literature, Philosophy and Practice. Hohm Press.
- Bhagavad Gītā, 2.58.
- Svātmārāma. Haṭha Yoga Pradīpikā (siglo XV), capítulos 1–2.
Créditos de imágenes: Manuscrito de los Yoga Sūtras: Wikimedia Commons, dominio público. Miniatura de padmāsana: manuscrito Jogapradīpikā (1830), British Library, dominio público, vía Wikimedia Commons. La ilustración del árbol del yoga (basada en la imagen descrita por B. K. S. Iyengar en El árbol del yoga, 1988) es propia. Fotografía de la tortuga: Charles J. Sharp, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
