Por Nuza
«La energía sigue a la atención.» Principio del yoga
Casi cualquiera que haya pisado una clase de yoga ha oído la palabra «chakra»: el del corazón, el de la garganta, el de la raíz. La tradición del yoga describe siete centros de energía alineados a lo largo de la columna, desde la base hasta la coronilla. Cada uno es como una rueda que gira — eso significa chakra en sánscrito, «rueda» — y por la que circula tu energía vital, el prāṇa.
No hace falta que los imagines como aparatos dentro del cuerpo. Piénsalos como un mapa: una forma de ponerle nombre y lugar a cosas que ya sientes. El miedo que se planta en el vientre, el nudo en la garganta cuando algo no se dice, el pecho que se abre cuando quieres a alguien. El yoga lleva siglos usando este mapa para entender por dónde anda tu energía y dónde se atora.
Cómo funciona el mapa
Los siete chakras suben en línea, uno sobre otro. Los de abajo te conectan con lo más terrenal — el cuerpo, la seguridad, los vínculos — y, conforme subes, se vuelven más sutiles — la expresión, la intuición, la consciencia —. La idea no es que unos sean «mejores» que otros: un chakra que se siente abierto y en calma deja correr la energía; uno tenso o apagado la atora, y eso se nota en cómo te sientes.
Cada chakra tiene además su propio símbolo, un yantra: un loto con cierto número de pétalos y, en el centro, una figura geométrica que representa su elemento y su energía. Trabajar un chakra en el yoga suele ser una combinación de tres cosas: postura (abrir físicamente esa zona del cuerpo), atención (llevar la mente ahí) y a veces sonido (cada centro tiene una sílaba, su bīja mantra). Vamos uno por uno, de abajo hacia arriba.
1. Mūlādhāra — raíz
Es tu cimiento. Tiene que ver con sentirte sostenido: el cuerpo, la casa, el dinero, la pertenencia, la sensación de tener un lugar en el mundo. Cuando está firme, te sientes seguro y con los pies en la tierra; cuando flaquea, aparece el miedo y la inquietud de base. Se trabaja con posturas de conexión al suelo y de piernas — la montaña, la silla, las sentadillas, posturas de pie firmes — y llevando la atención al perineo y a las plantas de los pies.
Cuatro pétalos y, en el centro, un cuadrado amarillo — la tierra, lo sólido y estable — con un triángulo apuntando hacia abajo.
2. Svādhiṣṭhāna — sacro
El centro del placer, la emoción y la creatividad. Es agua: fluidez, deseo, capacidad de sentir y de disfrutar. Cuando fluye, te mueves con soltura y te permites gozar; cuando se bloquea, aparece la rigidez emocional o la culpa. Se trabaja con aperturas de cadera y movimientos circulares de la pelvis — la diosa, la paloma, el círculo de cadera —.
Seis pétalos y, en el centro, una luna creciente: el agua, las mareas, todo lo que fluye y cambia.
3. Maṇipūra — plexo solar
Tu fuego. Aquí viven la voluntad, la confianza y el poder personal: la capacidad de decidir y de actuar. Cuando arde bien, te sientes capaz y con dirección; cuando se apaga, llega la inseguridad o la pasividad. Se trabaja con torsiones, posturas que encienden el centro — la barca, la tabla, el guerrero — y con respiraciones que avivan el calor.
Diez pétalos y, en el centro, un triángulo apuntando hacia abajo: el fuego, la energía que transforma — como la digestión convierte la comida en energía.
4. Anāhata — corazón
El puente entre los tres centros de abajo (lo terrenal) y los tres de arriba (lo sutil). Es el amor, la compasión, la capacidad de dar y de recibir. Cuando está abierto, te vinculas sin miedo; cuando se cierra, llega la coraza o el desamor. Se trabaja con aperturas de pecho — el camello, el puente, el pez, la cobra — y con cualquier movimiento que te abra el pecho.
Doce pétalos y, en el centro, dos triángulos entrelazados — uno apunta hacia arriba y otro hacia abajo —, formando una estrella de seis puntas: la misma figura que la estrella de David. Es la imagen perfecta de lo que hace el corazón: el punto donde lo que sube de la tierra y lo que baja del cielo se encuentran y se equilibran.
5. Viśuddha — garganta
El centro de la expresión y la verdad: poder decir lo que eres y lo que sientes. Cuando fluye, hablas claro y escuchas bien; cuando se atora, aparece el nudo, lo no dicho, la voz que se queda dentro. Se trabaja con posturas que abren el cuello y la garganta — el pez, el arado, el puente — y, muy directamente, con el sonido: cantar, recitar, o la respiración ujjayi, que pasa justo por ahí.
Dieciséis pétalos y, en el centro, un triángulo apuntando hacia abajo con un círculo dentro: el espacio, el éter, lo que vibra y se propaga como el sonido.
6. Ājñā — tercer ojo
La intuición y la claridad: ver más allá de lo evidente, esa sensación de «saber» sin razonarlo. Cuando está despejado, confías en tu percepción; cuando se nubla, llega la confusión o el exceso de análisis. Se trabaja sobre todo con la quietud: la atención en el entrecejo, la mirada interna, la meditación y posturas de recogimiento como la pinza o la postura del niño.
Tiene solo dos pétalos, uno a cada lado, como dos alas o dos ojos. En el centro, el sonido OM. Aquí los grandes canales de energía del cuerpo se reúnen en uno solo: por eso se le llama el centro del mando.
7. Sahasrāra — corona
El más sutil: la conexión con algo más grande que tú, la consciencia, lo que en distintas tradiciones se llama lo divino o la unidad. No se «hace», se permite. Se cultiva con la meditación, el silencio y la entrega — savasana es, en cierto modo, su postura.
Es el loto de los mil pétalos: tantos que ya no se cuentan. No tiene un elemento ni una sílaba concreta — representa la apertura total, lo que está más allá de las palabras.
Para llevarlo a tu práctica
Una pasada por tus siete centros
Siéntate cómodo y cierra los ojos. Lleva la atención a la base de la columna y respira ahí unas tres veces, como si dejaras peso en el suelo. Luego sube: al bajo vientre, a la boca del estómago, al centro del pecho, a la garganta, al entrecejo, a la coronilla — tres respiraciones en cada uno. No busques sentir nada espectacular; solo nota. Al terminar, quédate un momento sintiendo toda la columna encendida de abajo a arriba.
No tienes que creer en nada para que el mapa te sirva. Es una manera de escucharte por partes: de notar dónde hay vida y dónde hay tensión, y de llevar la práctica — postura, respiración, atención — justo ahí.
Referencias
- Saraswati, Swami Satyananda (1996). Kuṇḍalinī Tantra. Bihar School of Yoga. (Descripción tradicional de los chakras y sus símbolos.)
- Saraswati, Swami Satyananda (1996). Asana Pranayama Mudra Bandha. Bihar School of Yoga.
- Avalon, Arthur (Sir John Woodroffe) (1919). The Serpent Power. (Traducción y comentario del Ṣaṭ-Cakra-Nirūpaṇa, fuente clásica del sistema de los siete chakras.)
- Judith, Anodea (2004). Eastern Body, Western Mind. Celestial Arts.
- Mallinson, J. y Singleton, M. (2017). Roots of Yoga. Penguin Classics. (Contexto histórico del cuerpo sutil.)
Créditos de imágenes: «Sapta Chakra» (manuscrito, 1899), dominio público. Diagrama del cuerpo y símbolos tradicionales de los siete chakras, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
