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Todos somos energía: lo que dicen la ciencia y el yoga

Por Nuza

«La masa y la energía son manifestaciones distintas de una misma cosa.» Albert Einstein (1948)

«Todos somos energía» es una de esas frases que se repiten mucho y casi nunca se explican. Pero resulta que es cierta, y de una forma más concreta de lo que parece: no en un sentido vago, sino físico y medible, que está pasando dentro de ti en este momento.

En este artículo vamos a ver en qué sentido eres literalmente energía —la física y la biología tienen respuestas claras—, qué intuyó el yoga hace miles de años con eso que llamó prana, y dónde termina lo que se puede medir y empieza lo que solo se puede vivir.

Pintura de una figura humana con los brazos abiertos, irradiando luz de colores a su alrededor.
El cuerpo como energía que irradia. «Albion Rose» (o «Glad Day»), de William Blake (c. 1793). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Lo que parece sólido casi no lo es

Empecemos por lo más raro. Tu mano se siente sólida, pero está hecha de átomos, y un átomo es casi todo espacio vacío: el centro (el núcleo) ocupa una parte minúscula, y el resto es hueco. ¿Qué tan vacío? Tanto que más del 99,9% de ti es, en realidad, espacio vacío. Si pudieras quitarle a tu cuerpo todo ese hueco y dejar solo la materia, lo que quedaría sería tan pequeño que casi no se alcanzaría a ver. Lo que tocas y sientes firme es, en su enorme mayoría, vacío atravesado por fuerzas.

Y aún más: a principios del siglo XX, Einstein mostró con su famosa ecuación E = mc² que la masa y la energía son lo mismo, en dos formas distintas. La materia es, en el fondo, energía muy concentrada. Eso que llamas «tu cuerpo» no está hecho de ladrillos sólidos, sino de energía organizada en patrones. Así que «somos energía» es, literalmente, el punto de partida de la física.

Tu cuerpo funciona con electricidad

Bajemos del átomo al cuerpo, donde se pone todavía más interesante. Tú funcionas, literalmente, con electricidad.

Cada vez que piensas, mueves un dedo o sientes algo, lo que viaja por tus nervios es un impulso eléctrico: una pequeña descarga que corre por ellos como la corriente por un cable. Dos científicos de la Universidad de Cambridge lo midieron directamente y comprobaron que tus neuronas se comunican exactamente así, con descargas eléctricas una tras otra (Hodgkin y Huxley, 1952).

No son solo las neuronas. Tu corazón late porque una onda eléctrica lo recorre; eso es justo lo que mide un electrocardiograma. Tu cerebro emite ritmos eléctricos que registra un electroencefalograma. Y cada una de tus células —los billones que te forman— mantiene una pequeña diferencia de carga entre su interior y su exterior, como una pila diminuta, gracias a unas compuertas en su membrana. Eres, medido con aparatos, un ser eléctrico de pies a cabeza.

Grabado antiguo del sistema nervioso humano: el cerebro, la médula y la red de nervios que recorre todo el cuerpo.
El cuerpo recorrido por su red eléctrica. «Los nervios del cuerpo humano», lámina anatómica del siglo XIX, vía Wellcome Collection (dominio público).

La electricidad no solo te mueve: te construye

Aquí viene un dato que poca gente conoce. Esa electricidad celular no solo te hace funcionar; ayuda a darte forma. El biólogo Michael Levin, de la Universidad de Tufts, ha demostrado que las células usan señales eléctricas para «ponerse de acuerdo» sobre qué construir y dónde: dónde va un ojo, cómo se regenera un tejido, qué forma toma un organismo. Cambiando esas señales eléctricas, su equipo ha logrado que crezcan estructuras nuevas (Levin, 2021).

Dicho de otro modo: hay una capa de información eléctrica que organiza la materia viva. No eres una estatua de carne; eres un patrón de energía que se sostiene y se rehace todo el tiempo. La vida, vista de cerca, se parece más a una corriente que a una cosa.

Lo que el yoga llamó prana

Mucho antes de los electrocardiogramas, el yoga ya hablaba de esto a su manera. Lo llamó prana: la energía vital, el aliento que anima al cuerpo. Para esa tradición, no estamos hechos solo de carne, sino de una fuerza que circula y nos mantiene vivos — y el trabajo central del yoga, el prāṇāyāma, es precisamente regular esa energía a través de la respiración.

No hay que forzar la traducción para ver el puente. La intuición —que somos algo más dinámico que pura materia inerte, que hay una energía que nos recorre— coincide con lo que hoy la ciencia describe como bioelectricidad y metabolismo. Y hay un punto donde el puente es directo y comprobado: la respiración cambia, en segundos, el estado eléctrico de tu sistema nervioso. Respirar lento literalmente reconfigura las señales que recorren tu cuerpo (lo explicamos a fondo en este artículo). El yoga descubrió, por la vía de la experiencia, una palanca real sobre tu energía.

Pintura de un cielo nocturno con estrellas y remolinos de luz en movimiento sobre un pueblo.
La energía nunca está quieta: todo vibra y se mueve. «La noche estrellada», de Vincent van Gogh (1889). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Dónde termina lo medido y empieza lo vivido

Hasta aquí lo que la ciencia puede medir: tu cuerpo es energía, eléctrica y viva. Pero hay una parte que ningún aparato registra y que tú conoces bien: cómo se siente esa energía. La diferencia entre llegar al tapete arrastrando el día y salir ligera. Eso no se mide en un laboratorio; se vive en el cuerpo.

Y no necesitas creer en nada para notarlo. Cuando en una clase escuchas «mueve tu energía», con cada respiración y cada movimiento estás cambiando de verdad tu circulación, tu química y el estado eléctrico de tu sistema nervioso. El yoga no te pide fe: te invita a sentir, en tu propio cuerpo, eso que la física apenas empieza a explicar.

Para sentirlo hoy

Nota tu propia energía cambiar

Siéntate un momento y registra cómo te sientes: el pulso, la temperatura de las manos, qué tan acelerada va la mente. Luego haz diez respiraciones lentas, alargando la exhalación. Vuelve a registrar. Ese cambio que notas —manos más tibias, pulso más calmado, mente más quieta— es, literalmente, tu energía reorganizándose. No tuviste que creer nada: solo respiraste, y el sistema respondió.

Eres energía en movimiento. Y la práctica no es más que aprender a habitarla con un poco más de conciencia.

Referencias

  1. Einstein, A. (1905). Ist die Trägheit eines Körpers von seinem Energieinhalt abhängig? Annalen der Physik. (Origen de la equivalencia masa-energía, E = mc²; la cita es de su declaración de 1948.)
  2. Hodgkin, A. L. y Huxley, A. F. (1952). A quantitative description of membrane current and its application to conduction and excitation in nerve. The Journal of Physiology, 117(4), 500–544. (Universidad de Cambridge.)
  3. Levin, M. (2021). Bioelectric signaling: reprogrammable circuits underlying embryogenesis, regeneration, and cancer. Cell, 184(8), 1971–1989. (Universidad de Tufts.)
  4. Prashna Upanishad y Haṭha Yoga Pradīpikā. (Textos clásicos sobre el prāṇa como energía vital y el prāṇāyāma como su regulación.)